
Extrañar a alguien es eso que queda cuando se evapora el recuerdo llevandose de la mano todo el olvido que va dejando a su rastro. La espera se hace larga, señorita. Muy larga. Contar los minutos ayuda, pero los milagros no existen. O quizás sí.

Extrañar a alguien es eso que queda cuando se evapora el recuerdo llevandose de la mano todo el olvido que va dejando a su rastro. La espera se hace larga, señorita. Muy larga. Contar los minutos ayuda, pero los milagros no existen. O quizás sí.

Tarde de nieve, frio y Rubber Soul con la luz apagada y la calefacción a tope...
El frío. Ese elemento que se cuela en los huesos y te estremece por dentro como un huracán interior. Las manos doloridas, las orejas enrojecidas y la piel tersa como un tambor de piel de cordero. Y, como aditivo especial el viento. Viento helado del norte. Gélida ventisca aranesa proviniente del Vall que no hace sino entorpecer y dificultar más aún, si cabe, el control de tu propio cuerpo a 2000 metros de altura, con las dos piernas escayoladas y con un zapato especial que sobresale bastantes centímetros al norte y al sur de tu eje. Estoy intentando recomponerme con mucha agua caliente y la inestimable ayuda del amigo Boba...
AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO "NOCILLA LAB"
